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Epílogo

Llegamos así al final de esta reseña, después de una rápida visión de lo que fue la ascensión, el apogeo, la decadencia y la caída del imperio diaguita, cultura superior y mucho más elevada que las de otras naciones aborígenes que habitaron suelo argentino.

Sostienen los doctores Carlos Villafuerte y Rogelio Machado en Catamarca. Camino y tiempo, que bajo la influencia de diferentes latitudes, climas y otros factores ambientales, los indígenas de nuestro país desarrollaron diversos niveles culturales y que de acuerdo a los mismos, se los ha dividido en tres estratos bien diferenciados, el primero, el de las denominadas “protoculturas”, en el que se observan grupos establecidos en sitios de abundancia, verdaderas fuentes de sustento, casi inagotables, en los que practicaron una economía de tipo parasitaria, es decir, improductiva. Solo consumían lo que obtenían de la caza, la pesca y la recolección. Sus viviendas fueron sumamente primitivas (toldos, chozas y cuevas) y sus armas, indumentaria y herramientas, notablemente rudimentarias, lo mismo que su idioma. Cuando la caza y la pesca escaseaban, emigraban a otros lugares, en una suerte de nomadismo y así sucesivamente, sin producir, sin cultivar y sin desarrollar nada. A este grupo pertenecían los pueblos de la región pampeana, la Patagonia, Tierra del Fuego y la Banda Oriental (charrúas, querandíes, ranqueles, tehuelches, onas, etc.) Su producción solo contribuía a subvenir un 12% aproximadamente, de su consumo.

El segundo estrato es el de los “agricultores inferiores”, más evolucionados que los anteriores, quienes cultivaban mandioca y construían viviendas, utensilios y armas más sofisticados. Los huarpes de la región cuyana, los comechingones de Córdoba, los pueblos selváticos de Chaco y Formosa, los de la cuenca del Paraná y el este de Salta y Jujuy integraron ese conjunto, influenciados por las culturas más elevadas del noroeste, con las que limitaban, y por último, los “agricultores superiores” que desarrollaron la denominada “alta cultura”, que no fueron otros que los diaguitas y calchaquíes.

La economía de estos fue muy superior, solventando con ella el 60% de su consumo. Elevada fue también su organización social respecto a sus vecinos del este y el sur, lo mismo su religión, su arquitectura y su industria. Ellos miraron a los anteriores como los romanos a los bárbaros y los egipcios a los pueblos del desierto y constituyeron una verdadera nación de acuerdo a la comunión de costumbres, idioma y nivel intelectual. Su “imperio” se extendió desde el sur del altiplano hasta las regiones de Cuyo y las sierras cordobesas y desde el cordón andino hasta las impenetrables selvas del Gran Chaco y supo resistir las invasiones huarpes, chaqueñas e incaicas, sucumbiendo, finalmente, ante el avance español, que acabó con él, no sin toparse con una férrea resistencia.

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