III - El desmoronamiento del Estado de Derecho
Frente a la agresión de raíz internacional que hemos
descripto y que ha sumido a nuestra población en la inseguridad
y el desconcierto, los poderes del Estado –debatiéndose
en el falso dilema "represión sangrienta" vs. "manos
de seda"– no han articulado una respuesta adecuada para
restablecer la paz y el orden.
No solamente un falso dilema atrapa a las más altas autoridades
del Estado. El Gobierno justifica su inacción sistemática,
basado en la idea ingenua de que el transcurso del tiempo y el apoyo
a los sectores considerados "blandos" y "dialogantes"
del movimiento piquetero -por oposición a los denominados
"violentos" o "infiltrados"- terminará
resolviendo la situación.
Sorprende tal postura en un asunto de tanta gravedad y cuya urgente
solución es reclamada a gritos por el país, en una
gestión de gobierno que se caracterizó, desde sus
inicios, por el llamado estilo "K."
Con una rapidez fulminante, fueron descabezadas las cúpulas
militares y policiales; se modificó la composición
de la Corte Suprema de Justicia; se intervino desde el Poder Ejecutivo
Nacional en las sucesivas elecciones provinciales; se consiguió
articular un apoyo legislativo que nadie preveía; se buscó,
en base a giras internacionales, el apoyo de los líderes
de los principales países del mundo y de la región...
¿Por qué entonces tanta paciencia y prudencia
para resolver este tema, tanto comedimiento, tanto titubeo, tantas
marchas y contramarchas y sobre todo un manejo de los tiempos tan
diferente?
Si las autoridades escaparan de estos falsos dilemas y de la equivocada
apreciación de la realidad, podrían recurrir a la
simple aplicación de las herramientas existentes en nuestra
legislación para crear las condiciones que permitan restablecer
la normalidad y encarar lassoluciones de fondo del problema social.
Una de las funciones esenciales del Estado es la de salvaguardar
la seguridad y el orden público, sin lo cual la población
no puede ejercer sus derechos ni desarrollar en plenitud y libertad
sus actividades. Entonces, cómo no preguntarse: ¿el
Ministerio Público Fiscal y las fuerzas de seguridad que
omitieren, rehusaren hacer o retardaren algún acto de su
oficio, no faltan a sus deberes de funcionario público? ¿acaso
deben acatar algún tipo de "obediencia debida"?
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