I - Introducción
Pese a que en los últimos meses se ha pretendido, tanto
desde las esferas del Gobierno Nacional como desde ciertos medios
periodísticos, crear un clima de optimismo, es innegable
que la actual situación político-social está
embebida de una acentuada carga emocional, análoga a la de
un individuo que, como dice una expresión popular, tuviera
"los nervios a flor de piel".
La población vive en un estado de permanente tensión:
sucesivos y desencontrados proyectos políticos; denuncias
altisonantes seguidas de un desconcertante vacío informativo;
ausencia de garantías para derechos elementales, como el
de la propiedad privada o el de la libre circulación; proyecciones
económicas sin fundamentos sólidos o duraderos; ausencia
de planes a largo plazo; cambios en la legislación no previstos
en las plataformas de los partidos; aumento vertiginoso de la criminalidad,
con su secuela de secuestros, homicidios y robos; son algunas de
las causas del estado de confusión y malestar.
En ese clima, el debate serio y honesto de las controversias políticas,
económicas y sociales se ve perjudicado por opiniones más
bien temperamentales, muchas veces precipitadas o carentes de reflexión,
cuando no de una vehemencia tan vacua cuanto extremada. Hay una
sensación generalizada de que los problemas reales que la
Argentina vive no son analizados con la profundidad, la objetividad,
la serenidad y la racionalidad indispensables.(1)
Mientras tanto, los piqueteros –un factor que no
dudamos en calificar de explosivo– atraen sobre sí
cada vez más la atención de todos.
De acuerdo a sondeos de opinión (2),
el público manifiesta un creciente desagrado con relación
a la actuación de los piqueteros.
Por otro lado se observa un creciente malestar porque las autoridades
no garantizan el orden público y la libre circulación,
conforme a la Constitución y las leyes, como por el hecho
de que el financiamiento de tal movimiento provenga, en gran medida,
de los mismos "planes sociales" concedidos "generosamente"
por el Gobierno, con fondos originados en los impuestos pagados
por todos los argentinos.
Slogans, demágogicamente manipulados, son erigidos como
razones y justificación para que las autoridades asistan
pasivamente a los mayores desmanes y excesos ocurridos durante las
manifestaciones piqueteras: "exclusión social",
"no se debe criminalizar la protesta", "no se debe
usar la violencia contra los pobres" y tantos otros.
Insistentemente se pretende circunscribir el problema a un dilema
simplista y sin salida: represión brutal con baño
de sangre o convivencia habitual con el desorden, la trasgresión
a la ley, el delito, con grave y evidente lesión de los legítimos
derechos del ciudadano pacífico, honesto y trabajador.
Resulta evidente que tal dilema es falso y pernicioso porque mina
peligrosamente en su raíz el Estado de Derecho, al paralizar
toda reacción legal y permite que el movimiento piquetero
se adueñe de calles, rutas y edificios públicos y
privados, destruyendo el principio de autoridad y extendiendo peligrosamente
la anarquía.
Un país en serio no puede ser acorralado indefinidamente
con la falsa opción: represión brutal o aceptación
del caos.
De lo que se trata es de hacer cumplir la ley. Que el Estado asuma
su irrenunciable deber de mantener el orden público y asegurar
la defensa de los derechos fundamentales de todos los argentinos,
sin exclusión de nadie, y restaure la paz indispensable para
la convivencia social. Así lo afirma el Ministro de Seguridad
y Trabajo de la Provincia de Neuquén, Luis Manganar. Al declarar
que no elegirá entre el diálogo o las confrontaciones
para resolver los problemas sociales, aseguró: "Voy
a optar por la ley", pues "los derechos humanos se defienden
con la Constitución y las leyes". ("Urgente 24",
17-12-03)
Sin esto ningún proyecto político, social o económico
será capaz de encauzar a la Nación hacia la grandeza
espiritual y material a que la Divina Providencia la destinó.
* * *
La abundante documentación existente demuestra que, los
anhelos del movimiento piquetero, no se reducen a la conquista de
un mayor número de "planes sociales" o a alcanzar
ventajas económicas de variados órdenes, ni menos
aún a la obtención de genuinos puestos de trabajo
para los desocupados.
En realidad, este movimiento forma parte de una maniobra publicitaria
de gran envergadura –con innegables ramificaciones internacionales–
que prepara a los espíritus para dar crédito al desgastado
discurso marxista: en el actual régimen socio-económico,
fundado en la propiedad privada y la libre iniciativa, sólo
los ricos y los poderosos se benefician, y la pobreza y el hambre
se expanden sin remedio y de modo alarmante.
Tal afirmación, de suyo, llevaría a aceptar, a desear
y aún a imponer la transformación radical de una situación
que los piqueteros presentan como odiosamente injusta, instrumentalizando
al mismo Estado y recurriendo a la violencia si necesario fuera.
Asistimos así, a la introducción subrepticia en la
convivencia social del perverso dinamismo de la vieja lucha de clases.
Es lo que deja claro uno de los líderes emblemáticos
del movimiento: "Los piqueteros son el emergente de un problema
irresuelto: el de la desigual distribución de la riqueza.
Pitrola, que es trotskista, teoriza desde el Polo Obrero que la
contradicción se resuelve en el clásico terreno de
la lucha de clases, que lleva a la dictadura del proletariado"
("El País de la furia", Daniel Capalbo, "Noticias",
6-12-03).
Tal objetivo, en breve, podrán intentar alcanzarlo a través
de una movilización general en todo el país, con el
corte de las vías de acceso a las principales ciudades y
de las más importantes rutas, paralizando toda reacción
por medio del factor sorpresa.
Hipótesis que, lamentablemente, ya no resulta descabellada
dada la extensión del fenómeno piquetero, así
como por la sistemática omisión y falta de previsión
de las autoridades.
Exhortamos a todos los que no se resignan a ver a nuestra Patria
arrastrarse cada vez más exangüe, en este umbral del
siglo XXI, a un análisis del origen, la doctrina, los medios
de acción y las ramificaciones internacionales del movimiento
piquetero.
Una exhortación a ver, juzgar y actuar para contribuir
a esclarecer los espíritus, fortificar los ánimos
y movilizar las voluntades, a fin de que la Argentina no
zozobre en la actual confusión, sino que al contrario, rectifique
sus rumbos para alcanzar el progreso y la prosperidad para todos,
con una paz sólida y durable establecida en nuestra luminosa
tradición cristiana. En suma, la paz de Cristo en el Reino
de Cristo.
|