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En vísperas de un nuevo gobierno, una indispensable alerta

La “Revolución Cultural” neomarxista, desestabilizadora de la familia,
encamina al Perú hacia la desintegración social

El fondo de cuadro: notoria
degradación de la actividad política

Después de un proceso electoral marcado como nunca por la confusión, por una desoladora pobreza temática, y por la degradación del debate hasta extremos inéditos, la ciudadanía aguarda ahora la asunción del nuevo gobierno con ánimo sereno y esperanzado, aunque su percepción de la política nacional continúa siendo fuertemente negativa.

Las recientes elecciones han dejado claro, en efecto —confirmando lo que en los últimos años vienen advirtiendo numerosos estudios de opinión—, que existe en el país un generalizado desencanto con el régimen institucional vigente, con el cual los peruanos se identifican cada vez menos, cuestionando severamente su autenticidad democrática. Y sobre todo se sienten defraudados por la clase política, vista por la mayoría de la población como algo no muy diverso de una casta de aprovechadores del poder en beneficio propio.

Acefalía de líderes, el verdadero drama del Perú profundo
En ese contexto se entiende el 47% de los votos obtenidos en la segunda vuelta por el candidato perdedor. Sería un error suponer que se trató de una votación mayoritariamente izquierdista: las elecciones parlamentarias dejaron a la izquierda explícita pulverizada. Y el voto al outsider fue más la expresión de un estado de espíritu que de una ideología; reveló un explicable sentimiento de frustración, particularmente de las regiones surandina y amazónica, ante la crónica desatención por parte del centralismo limeño no sólo a necesidades materiales, sino sobre todo a legítimas aspiraciones de realización regional, a un progreso que dé cauce adecuado a características e identidad propias. Esa sana aspiración nada tiene de izquierdista: recordemos que en su abrumadora mayoría, esas poblaciones integran el llamado Perú profundo, católico y entrañadamente conservador.

El mayor problema social de ese Perú profundo es que el centralismo absorbente primero, y el agrorreformismo socialista y confiscatorio después, en gran parte lo descabezaron de sus élites, privándolo de sus canales naturales de interlocución con el poder central. Y el terrorismo no fue sino el tiro de gracia en ese proceso de desbarajuste socio-cultural. Así, la gradual migración de líderes locales en todo nivel fue dejando a esas poblaciones virtualmente acéfalas, muchas veces vegetando a merced de políticos advenedizos —tan ambiciosos como ineptos, y en ciertos casos hasta comprometidos con la delincuencia—, lo que contribuyó a sumirlas en una crisis de identidad que perdura hasta hoy.

En ese cuadro, es claro que demagogos hábiles pueden aprovechar frustraciones acumuladas para convertir transitoriamente a esos insatisfechos —sobre todo a los menos cultos— en lo que Lenin llamaba “compañeros de ruta” de nuevas aventuras revolucionarias, tal como lo vemos hoy en Bolivia. La manipulación del descontento social a favor de un utopismo revolucionario —ahora de corte neotribal y anárquico— es, pues, un peligro latente que el nuevo gobierno deberá afrontar con especial cuidado.

La revolución cultural neomarxista, una amenaza a la familia peruana
Pero ese no es el único peligro que nos achecha. Las tendencias anarquizantes amenazan también al Perú en otro frente, el de la inmensa degradación moral que devasta el país, con repercusión forzosa en la institución fundamental de la sociedad, la familia. Ésta se ve hoy sujeta a una desestabilización sin precedentes, que hace estremecer sus propios fundamentos, y con ellos los de toda la sociedad civilizada. Y esa desestabilización no es fruto del acaso, sino que es promovida intencionalmente por las mismas fuerzas revolucionarias que otrora buscaron imponer el utopismo marxista en el campo exclusivamente socioeconómico. Nuestras clases dirigentes parecen no haberse percatado aún de que las corrientes político-ideológicas de izquierda impulsan hoy una revolución diferente, la llamada revolución cultural corruptora de las costumbres, que ha pasado a ser —nótese bien—  la versión más actualizada, perversa y extremada del propio comunismo.

Sería por demás extenso indicar todos los autores comunistas, socialistas y congéneres que aluden a esta neo-revolución, toda ella de carácter psicológico y tendencial. Pero sí importa, para comprenderla debidamente, señalar la lógica que la inspira: 1) para implantar el llamado comunismo total —la anarquía— es preciso derribar la sociedad “capitalista”, centrada en la familia “burguesa”; 2) y para desmantelar la familia, se debe impulsar el desenfreno sexual sin límites, el libertinaje total.

“Abolir la familia”, meta del marxismo
Ya en el Manifiesto Comunista de 1848 Marx y Engels lanzaron su siniestra proclama: “¡Abolir la familia!” (“Aufheburg der Familie!”). Esta consigna fue asumida y desarrollada por todos sus continuadores, entre ellos Antonio Gramsci, fundador y más tarde secretario general del Partido Comunista italiano, considerado además el mayor ideólogo marxista de Occidente. Hacia 1930 Gramsci elaboró su novedosa concepción estratégica de que para establecer duraderamente el régimen comunista se requería primero alterar la “superestructura” de la sociedad, entendida como el sistema de convicciones, tradiciones y costumbres sociales vigente; y a este cambio le dio el nombre de revolución cultural [1]. 

Desde Gramsci hasta nuestros días, los más importantes ideólogos marxistas y congéneres fueron definiendo cada vez más claramente esa nueva estrategia. Herbert Marcuse la denominó “marxismo cultural” y precisó su objetivo: derribar “la moral de la sociedad existente”, para así anular de antemano las resistencias a las reformas anarquizantes marxistas. Su conclusión no deja dudas: “Se acabaron la idea tradicional de revolución y la estrategia tradicional de revolución... Lo que debemos emprender es una especie de difusa y dispersa desintegración del sistema” [2].

Y esa desintegración está hoy en marcha acelerada. Desde la década de 1970 ella hace parte de los programas de las izquierdas políticas de Europa y América del Norte, y en particular de los partidos socialistas europeos. Estos apuntan hacia una “revolución total”, definida como “una revolución en las formas de sentir, de actuar y de pensar, una revolución en las formas de vida colectiva e individual, en suma, una revolución de la civilización” [3]. Se la denomina también revolución psicosexual, porque su “fuerza decisiva”  de avance, como explica un ideólogo socialista francés, es la “sexualidad expansiva”  (léase: sin frenos), la cual “debe acompañar el curso de la revolución económica, social y política” [4]. O sea, es el viejo hedonismo pagano, ahora revivido y exacerbado hasta extremos insospechados —por ejemplo, la absurda ideología de género [5]—, para convertirlo en arma revolucionaria desintegradora de la lamilia y la sociedad.

Multiforme ofensiva neopagana contra el Perú
El Perú ya está siendo blanco de esa ofensiva neopagana y desintegradora. A tomo momento experimentamos su acometida: en la inundación de pornografía dura en la prensa “chicha” o blanda en la prensa “seria”, en las toneladas de telebasura moral que los canales de señal abierta arrojan cotidianamente en los hogares; en las modas siempre más vulgares, procaces y tendientes al nudismo; en la inducción a costumbres gradualmente más permisivas, como los programas de “educación” sexual que incentivan explícita o implícitamente el libertinaje; en los planes de “salud sexual y reproductiva” que amparan ese mismo libertinaje; en las diversiones cada vez más frenéticas y desvariadas que se ofrecen a adolescentes y jóvenes; en la gigantesca presión mediática para derribar las barreras de rechazo al vicio homosexual, etc.; en suma, en la obsesión sexopátíca que satura el ambiente publicitario y cultural, empujando el país hacia una decadencia moral y social inédita en nuestra historia.

España y Chile: ¿persecución anticatólica
en nombre de “derechos sexuales”?
Ciertos regímenes socialistas actuales ofrecen ejemplos muy ilustrativos de hasta dónde puede llegar ese extremismo revolucionario. En España, el gobierno Rodríguez Zapatero está impulsando no sólo relajar las restricciones al crimen de aborto, sino también una acelerada “sodomificación” legal, en la cual la perversión homosexual no sólo sea erigida en seudo-derecho sino que quienes la practiquen se conviertan en una casta privilegiada, mientras se prepara una mordaza legal contra aquellos que defiendan la ley natural y moral consagrada en los Diez Mandamientos [6]. 

Lo mismo ocurre en el vecino Chile, donde el gobierno Bachelet apoya un proyecto de ley —ya aprobado en Diputados, y ahora en segunda votación en el Senado— contra la “discriminación” a los homosexuales, que prohibe cualquier “restricción” a su conducta antinatural, e impone penas de hasta cinco años de cárcel para quienes se opongan a la homosexualidad “por acción u omisión” [7]. Así, pues, de aprobarse tal proyecto estará refrendada en Chile la persecución legal contra quienes, en nombre de la moral católica sobre matrimonio y familia, se manifiesten contra la perversión homosexual; tal como en nuestro país, en tiempos del velascato, la ley penaba con cárcel a quienes, en nombre de la moral católica sobre el derecho de propiedad privada, osaran siquiera criticar la Reforma Agraria socialista y confiscatoria.

La próxima etapa de la revolución cultural: horresco referens
Un abismo clama por otro abismo” (Sal. 41, 8). Ya se vislumbran los próximos despeñaderos en esta cadena de abominaciones. La agenda neomarxista apunta ahora hacia la “revolución sexual de los niños”, también llamada movimiento de “liberación infantil” y considerada “un punto importante de la revolución sexual” [8]. Y que nadie se llame a autoengaño, imaginando que estos son tan sólo devaneos lúbricos de un puñado de depravados: al contrario, siguiendo a ultranza la lógica igualitaria y libertaria del socialismo, la legalización de la pedofilia es la meta declarada de toda una corriente ideológica, ya estructurada en varios países. En Holanda, por ejemplo, el nuevo partido político PNVD propugna legalizar las relaciones sexuales con niños, la pornografía infantil, y hasta la zoofilia [9]. Mucho más cerca de nosotros, el actual gobierno chileno busca consagrar “derechos sexuales” cada vez más aberrantes, como el derecho de alcanzar el máximo de placer, extensivo a niños. Este delirio neopagano hace parte de un Proyecto Marco de Derechos Sexuales y Reproductivos que se tramita en la Legislatura sureña, y que en su art. 15 incluye el “derecho” a una educación sexual “integral” que haga posible, desde temprana edad”,el ejercicio de la sexualidad en forma plena, libre e informada”. Para esa inducción al hedonismo “desde temprana edad”, se estipula que el Estado chileno debe suministrar a todos los escolares “información” al respecto sin el previo conocimiento ni el consentimiento de los padres (art. 17, idem) [10]. La pesadilla de la “liberación infantil” neomarxista ya toca, pues, a nuestras fronteras...

Paralelamente, corifeos de la misma corriente ideológica proponen también acabar con el “tabú del incesto”, a fin de dar también plena ciudadanía a esa práctica aberrante [11].

Aborto, homosexualidad, pedofilia, zoofilia, incesto... es la sentina moral hacia la cual el socialismo conduce. ¿Y qué restaría, en ese mundo de pesadilla, del matrimonio y la familia, y más aún, de la dignidad misma de la persona humana, imagen y semejanza de Dios?

Incomprensible omisión, siniestra paradoja
Lo anterior basta para comprender hasta qué punto la nueva estrategia revolucionaria se propone acabar con la familia introduciendo la anarquía sexual, antesala de la anarquía total. Quien no tiene claro este dato crucial, simplemente no entiende nada de lo que está ocurriendo, ni de lo que pueda ocurrir, en la profundidad de la vida cultural y sociopolítica de nuestros días. Y frente a la revolución cultural en curso hará el deplorable papel —sobre todo si le cabe ejercer responsabilidades dirigentes espirituales o temporales— de “ciego que guía a otros ciegos” (cfr. Mat. 15,14 ).  

Por otro lado resulta incomprensible que un tema tan vital para el futuro del país haya estado completamente ausente de la campaña electoral. Esta grave omisión ilustra bien hasta qué punto se ha empobrecido el debate político nacional, y justifica plenamente el descrédito de la clase política ante la ciudadanía de la cual se ha divorciado.

A este propósito, uno de los peores errores que se podría cometer en el Perú sería intentar restaurar la nada democrática Constitución de 1979, cuyo capítulo económico fuera tiránicamente impuesto en el acto mismo de convocatoria a la Constituyente [12], situación confirmada meses después por el dictador de turno, jurando que anularía la Asamblea si esta no se allanaba a incorporar las funestas reformas económicas socialistas [13].

El Perú vive así una siniestra paradoja. Mientras las elecciones al Congreso confirmaron el abrumador rechazo del electorado a los partidos declaradamente de izquierda, sin embargo la revolución cultural va empujando al país a aproximarse, gradual e inadvertidamente, a las metas más extremadas de esa misma izquierda, a través de una ofensiva psico-tendencial cuyo blanco es la familia. Y lo que el  comunismo nunca logró directamente por las armas ni por las urnas, sus continuadores lo están conquistando indirecta y larvadamente, por las estratagemas de la revolucion cultural.

Una esperanza y un llamado a las fuerzas vivas del país
En tal circunstancia, es obligación de aquellos que desde el Ejecutivo y el Parlamento representarán al electorado nacional desde el próximo 28 de julio atender al clamor de las familias peruanas (es decir, de la abrumadora mayoría centrista y conservadora de la población), y asumir resueltamente la defensa de la institución familiar amenazada, enfrentando inclusive la ofensiva de lobbies ideológicos internacionales que promueven el crimen de aborto, la perversión homosexual, la desintegración de la familia por medio de la inducción al libertinaje, y otras formas de corrupción disfrazadas de “derechos”; en suma, que elaboren una agenda exhaustiva de protección y fortalecimiento de las familias peruanas en todos los planos: educativo, socio-cultural, económico, legal, etc.

Resulta alentador en tal sentido que el Presidente electo, Doctor Alan García Pérez, se haya comprometido ante las autoridades eclesiásticas nacionales —“en mi condición de cristiano”, aseveró— a actuar en “servicio... a las causas cristianas de mi país” [14]. Sin duda, la más importante causa cristiana en el Perú hoy es precisamente la defensa de la institución familiar, gravemente amenazada por la revolución cultural anticristiana.

Para esta defensa, el nuevo Mandatario debe contar con el respaldo y la vigilancia de todos los peruanos con responsabilidades dirigentes a cualquier título. Las calamidades socioeconómicas acarreadas por el socialismo desde los años 60 se debieron en gran parte a la desidia de clases dirigentes que no supieron preverlas ni afrontarlas. Sería trágico que ahora esas mismas clases repitiesen tal actitud frente a la devastadora revolución cultural, de la cual lamentablemente sus propios miembros han sido y son tantas veces cómplices por acción u omisión. A tales elementos se aplica la advertencia del Prof. Plinio Correa de Oliveira en su consagrada obra Revolución y Contra-Revolución: “Una autoridad social que se degrada es, también ella, comparable a la sal que no sala. Sólo sirve para ser arrojada a la calle, para que sobre ella pisen los transeúntes (cfr. Mt. 5, 13). Así lo harán, en la mayoría de los casos, las multitudes llenas de desprecio” [15].

Pero si esas clases saben dar ejemplo de verdadera dedicación al bien común (que por cierto incluye en primer lugar el bien moral de la nación), tal como es la misión y el deber de una verdadera élite, entonces la sociedad puede esperar beneficios inconmensurables de toda índole.

En esa expectativa, los miembros de Tradición y Acción por un Perú Mayor, empeñados desde hace más de tres décadas en la defensa de los valores básicos de la civilizacion cristiana —la Tradición, la Familia y la Propiedad— en nuestra Patria, saludamos a las nuevas autoridades nacionales. Y deseándoles pleno éxito en su gestión, particularmente en afrontar con determinación y sabiduría las amenazas a la institución familiar y a la estabilidad social aquí expuestas, pedimos para ellas la maternal ayuda de la Santísima Virgen del Rosario, Patrona del Perú.

Lima, 20 de julio de 2006
Fiesta de San Elías Profeta


Tradición y Acción por un Perú Mayor
Casilla 27 E 032
 San Isidro – Lima 27
Teléfono: (01) 9911 8261
www.tradicionyaccion.org.pe

Email: tfpperu@gmail.com

Notas:

[1] Cfr. P. Alfredo Sáenz, Antonio Gramsci y la Revolución Cultural, Ed. Gladius, Buenos Aires, 1997.

[2] Herbert Marcuse, La Sociedad Carnívora, Editorial Galerna, Buenos Aires, 2ª ed., 1969, p. 45. Ver también: Wilhelm Reich, Die Sexualität im Kulturkampf  ( "La Sexualidad en la lucha cultural"- 1936), in http://www.identidades.org/fundamentos/reich.htm; William S. Lind, What is Cultural Marxism?, in "The Conservative Voice", 2-3-06, www.theconservativevoice.com/articles/article.html?id=9193.

[3] Pierre Fougeyrollas, Marx, Freud et la révolution totale, Anthropos, París, 1972, p. 390.

[4] Idem, p. 367.

[5] Cfr. Conferencia Episcopal Peruana - Comisión ad hoc de la Mujer, La ideología de Género - sus peligros y alcances, Lima, 1998. Según se anuncia, el conocido ideólogo "de género" Paul Hunt, promotor del aborto y de un "nuevo derecho sexual internacional" para homosexuales y lesbianas, vendrá a Lima en septiembre próximo "para promover la ideología de género al comenzar un nuevo gobierno nacional" (Noticias de ACI Digital, 19-07-06).

[6] Por ejemplo el Secretario de Educación de España, Alejandro Tiana, anunció que en la nueva asignatura "Educación para la Ciudadanía" se enseñará a los niños desde los 10 años que la homosexualildad y la transexualidad constituyen estilos de vida legítimos y aceptables (cfr. "El País", 14-07-06;  "ABC", 15-07-06).

[7] Congreso Nacional de Chile, Boletín Nº 3815/07. Cfr. www.accionfamilia.org/actualidad/discriminacion.

[8] Cfr. Mark Blasius, Sexual Revolution and the Liberation of Children, entrevista a Kate Millet, in www.ipce.info/ipceweb/Library/interv_kate_m.htm

[10]  Cfr. Comisión de Estudios de Acción Familia, La Revolución Cultural -Un Smog que envenena a la Familia chilena, Acción Familia, Santiago de Chile, 2002, pp. 116-119. El Programa de Gobierno Michelle Bachelet 2006-2010 (pág. 89) prevé dar impulso al citado proyecto en la agenda legistativa

[11] Cfr. por ejemplo Blasius, op. cit.; Sam Vaknin, Ethical Relativism and Absolute Taboo, http//samvak.tripod.com/taboo.html ; Yehudi Cohen, The Disappearance of the Incest Taboo, en "Human Nature", vol. 1, julio 1978; Lloyd Demause, The Universality of Incest, en "The Journal of Psychohistory", vol. 19, 1991. La reivindicación del incesto sin restricciones remonta a la Revolución Francesa, con las obras del Marqués de Sade, y es una consecuencia lógica extrema-y verdaderamente diabólica- de la trilogía Libertad, Igualdad, Fraternidad (cfr. Marquis de Sade, Incest, Hesperus Press, London, 2003).

[12] Decreto-Ley No. 21949, art. 2º., 4-10-1977.

[13] Perú: 1977 - Cronología Política, Desco, tomo VI, pp. 2878-2879. La declaración apareció en todos los periódicos, entonces estatizados.

[14] Noticias Diarias de ACI Digital, junio 11, 2006, www.aciprensa.com.

[15] Plinio Correa de Oliveira, Revolución y Contra-Revolución, 1ª edición peruana, Tradición y Acción, Lima, 2005, Parte II, Cap. XI, 1, A. Esta edición puede descargarse completa en: http://www.pliniocorreadeoliveira.info/livros/RCR-2005.pdf.

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