Plaza de Venecia:
suave intimidad ceremoniosa
Nota
sobre la ilustración: Plaza de Santa María Hermosa,
Venecia-Italia. Grabado del siglo XVIII.
La
pequeña plaza de Venecia que vemos, causa en el observador
una primer impresión: es una plaza en donde, sin lugar
a dudas, está presente una vida de intimidad. Nos llama
la atención como las casas están dispuestas alrededor
de ella: hay una especie de fraternidad entre ellas. Las casas
parecen hermanas una de otras, todas juntas entre sí.
De
otro lado, las paseantes que están en la plaza son personas
que llevan una vida de cierta suavidad, semejante a las de las
casas. Ceremoniosa porque, al mismo tiempo que en esa plaza hay
intimidad, no existe siquiera el ambiente, para por ejemplo, salga
alguien de de pijama. No hay clima para pijama en ese lugar.
Hay
una especia de calma, como resultado de la tradición, y
un buen gusto difuso en todo. Cada elemento es de un gusto esmerado,
encontrando dos o tres fachadass de esas casas, que por su discreción,
son bien bonitas.
Por
ejemplo, ese pequeño palacio a la derecha del grabado:
es al mismo tiempo tan pequeño y muy pomposo. Se advierte
una corona de conde en su parte superior. Muestra una fachada
que es imponente. Se tiene la impresión de que de él,
hubo una representación teatral, en un estrado armado para
una fiesta.
En
el fondo, la Iglesia que es muy bonita, y sobre todo su torre,
muy elegante. Los diseños de la torres son bonitos, muy
armónicos, muy distinguidos.
Esa
plaza no sería tal –a mi ver- si no hubiese un aljibe
en el centro. Quedaría faltando alguna cosa, y la plaza
quedaría grande demás. El aljibe representa un papel,
en el conjunto, que es una cosa extraordinaria. Es un centro psicológico
superior. Notamos que la plaza no está totalmente empedrada,
sino apenas una parte.
Donde
existe la plebe, hay calor humano, la plebe representa el elemento
calorífico de las relaciones humanas. ¡Una sociedad
sin plebe se transforma en inhumana! Algunas cosas indican la
presencia de la plebe en la plaza. Por ejemplo, la chimenea de
la casa a la izquierda, tiene una escalera encima. Estoy imaginando
a un italiano plebeyo trabajando de deshollinador y que mientras
lo hace, canta. Interrumpiendo luego su trabajo para almorzar.
Puedo
imaginar el viento que tira la escalera, y que está por
caer encima de una niña, ¡pero por intercesión
de San Antonio la escalera se desvía! El grabado sugiere
escenas como esa. Encuentro todo eso muy pintoresco.
Conclusión:
delante de esa plaza, a fuerza de observarla, el sentido común
elabora o destila un selectivo, o alguna nota dominante que dice
a respecto a todas las notas particulares existentes en ella.
Esa nota dominante, por otra parte, es para mí un valor
del espíritu. Yo diría que tal nota es: suave intimidad
ceremoniosa, afable, espiritual, llena de armonía y de
distinción. Allí está el encanto de esa diminuta
plaza.

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